Deportes para la Tercera Edad – 2da. Parte

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tercera-edadEn general la práctica de ejercicio físico de forma moderada no supone ningún riesgo para las personas de la tercera edad. El problema surge cuando cada uno interpreta de forma diferente el término “moderado”.

En esta etapa de la vida hay ciertos factores de riesgo que se deben tener en cuenta:

  • La existencia de un riesgo cardiovascular, ya que puede ser posible que aparezca alguna anomalía cuando se realizan ejercicios de forma brusca y sin control.
  • La posible presencia de osteoporosis, ya que esta patología se caracteriza por una pérdida de masa ósea, que hace que los huesos sean más porosos, por lo que tienen mayor riesgo de rotura. En estos casos no es recomendable la práctica de ejercicios aeróbicos bruscos como correr, trotar, voleibol, fútbol, baloncesto…

 ¿Debo acudir al médico antes de empezar algún ejercicio?

Como regla general las alteraciones que resultan por parte de la vejez son debidas al modo de vida sedentario o como consecuencia de enfermedades crónicas que posea, por ello deben ser examinadas cuidadosamente antes de prescribir un ejercicio físico. Es conveniente que el médico sea la primera persona que evalúe a través del historial médico de la persona, la capacidad de ésta para poder realizar ejercicio físico, recomendándole así los más adecuados para su edad y condiciones personales.

Se aconseja acudir al médico periódicamente como mínimo unas dos veces al año y siempre que presente cualquier anomalía.

No todos los deportes son adecuados a ciertas edades, por ello habrá limitaciones al respecto.

Peligros del Sedentarismo

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sedentarismoPara prevenir el sedentarismo es necesario practicar ejercicio físico desde la infancia, y mantenerse físicamente activo durante toda la vida, incluso en la tercera edad, ya que la actividad física incluye todos los movimientos corporales producidos por los músculos esqueléticos que exijan un gasto de energía y, por lo tanto, mantenerse activo no implica necesariamente practicar un deporte, sino que hay multitud de tareas cotidianas que consumen energía y que podemos llevar a cabo sin necesidad de visitar un gimnasio o realizar un programa de entrenamiento.

 En cada etapa de la vida las necesidades de actividad física son diferentes, y la Organización Mundial de la Salud ha establecido unas recomendaciones ajustadas por edades:

 En el caso de los niños y adolescentes (de los 5 a los 17 años), deben pasar un mínimo de una hora diaria realizando ejercicio (juegos, educación física, programas de entrenamiento, práctica de deportes…), entre moderado e intenso, sobre todo de tipo aeróbico, y es conveniente que al menos tres veces a la semana realicen también alguna actividad que les permita desarrollar músculos y huesos.

 El sedentarismo es un factor de riesgo en sí mismo para el desarrollo de numerosas enfermedades crónicas no transmisibles

 Los adultos de 18 a 64 años pueden realizar actividades recreativas o de ocio que impliquen movimiento, tareas domésticas o de jardinería, desplazamientos a pie o en bicicleta, o dar largos paseos, además de practicar deporte o llevar a cabo un programa de ejercicios. El tiempo mínimo recomendado por la OMS que deben dedicar a la actividad física es de 150 minutos a la semana si la intensidad es moderada, o 75 minutos semanales si se trata de ejercicio aeróbico de alta intensidad, siempre en sesiones que duren al menos diez minutos. En esta franja de edad la OMS también aconseja realizar actividades para fortalecer los grandes grupos musculares al menos dos veces a la semana.

 En los mayores de 65 años las recomendaciones de actividad física son similares a las del grupo anterior –siempre de acuerdo a sus posibilidades y condición física–, si bien aquellos que tengan movilidad reducida deben realizar actividades –tres veces o más por semana– que contribuyan a mejorar su equilibrio e impedir las caídas. Las personas enfermas que no puedan cumplir estas recomendaciones deben estar tan activas como les permita su estado.

 Aunque no puedas dedicar una o más horas diarias a hacer deporte, algunos gestos pueden mejorar tu condición física y tu salud y darle así esquinazo al sedentarismo:

 Camina siempre que te sea posible, aunque solo sean 10 minutos. Por ejemplo, puedes bajarte del transporte público una o dos paradas antes de llegar a tu destino y terminar el recorrido andando.

Cuando tengas que hacer un recado, y siempre que la distancia lo permita, procura ir andando.

Si tu trabajo requiere que pases mucho tiempo sentado, levántate cada dos horas, camina y estírate para desentumecer los músculos. Un corto paseo después de comer también es muy recomendable.

Sube las escaleras en vez de coger el ascensor, y si lo haces varias veces al día, mejor.

Los fines de semana, o en tu tiempo libre, alterna las actividades sedentarias (ver la tele, leer, jugar con la videoconsola…) con otras que impliquen movimiento (pasear, jugar al paddel, nadar, hacer bricolaje, montar en bicicleta, limpiar la casa, cuidar el jardín…).

10 ideas para combatir el Sedentarismo

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sedentarismo

Siguiendo en la línea del ahorro, te proponemos actividades físicas sencillas y fáciles de realizar en cualquier momento para que las incorpores a tu rutina diaria. El objetivo es ayudarte a combatir el sedentarismo, uno de los mayores factores de riesgo en el desarrollo de la enfermedad cardíaca.

Si quieres, puedes

Si crees que hay que sufrir para actuar contra el sedentarismo… ¡estás muy equivocado! Aunque tengas una vida inactiva, tú también puedes adaptar a tu cuerpo al ejercicio físico poco a poco. Dar el primer paso no implica pasarse horas en el gimnasio, hacer sesiones interminables en la piscina o en una sala de musculación. Lo mejor es comenzar con prácticas tan sencillas como estas:

  1. Camina. Intenta hacerlo durante 30 minutos al día de forma continua. Aprovecha los parques cercanos a tu casa, hazlo solo u organízate para quedar con un amigo y conversar mientras dais un paseo tranquilo. Además de ejercitarte, seguro que consigues pasar un buen rato en compañía.
  2. Aparca el coche. Intenta hacer tus desplazamientos caminando. Si te mueves en transporte público, ¿por qué no te bajas un par de paradas antes de tu destino y haces el resto del recorrido caminando?
  3. Elige siempre las escaleras. Subir unos escalones en tu casa, en la oficina o cuando vayas a un centro comercial es mucho más beneficioso. Deja el ascensor para personas que de verdad lo necesiten.
  4. Quítale el polvo a la bicicleta. Anímate a usarla para ir al trabajo u otros desplazamientos. Como es un medio de transporte que no contamina, de paso, le estarás haciendo un favor al medio ambiente.
  5. Si trabajas en una oficina, tómate unos minutos de descanso, sal y camina. Romper con la inactividad te ayudará a desconectar de los problemas y tensiones laborales.
  6. Únete a grupos que organicen visitas, excursionessenderismo o cualquier otro tipo de actividades recreativas que impliquen desplazamientos.
  7. Aprovecha el momento que dedicas a las labores domésticas. Limpiar, pintar o mover los muebles de la casa para darle otro aire al hogar implican un esfuerzo que puede ser muy beneficioso.
  8. ¿Te gusta ver la tele? ¡Pues sácale partido al tiempo que estás delante del televisor! Si tienes una bicicleta estática o una máquina de step, aprovecha para utilizarlas mientras estás frente a la pantalla.
  9. Conéctate a Internet y busca un vídeo de ejercicio sencillo. ¿Por qué no pruebas con uno de yoga para empezar?
  10. ¡Mueve el esqueleto! Pon un poco de música en casa y déjate llevar. ¿Puede haber un ejercicio más divertido que bailar?

No hay excusas para quedarse sentado en el sofá. Ponte en marcha con alguna de estas propuestas o con aplicando tus propias ideas. ¿Por qué no nos cuentas cómo combates tú el sedentarismo?

Ejercicios para la tercera edad

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No podemos olvidar de las personas de la tercera edad y el ejercicios es importante para ellos, este post es un granito de arena para ayudarlos.

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En forma a los 70, a los 80 y, por qué no, a los 90. La actividad física en la tercera edad también importa. Por eso, los gimnasios y otros centros adaptan  los ejercicios a las personas mayores. Desde yoga a cualquier tipo de gimnasia de mantenimiento. ¡La gimnasia no se olvida de los mayores!
Las tablas de ejercicios físicos también se adaptan a esta edad. Así, desde el calentamiento hasta los estiramientos están pensados para mover el cuerpo y estimular la circulación sanguínea sin llegar a agotar. Respecto al ejercicio aeróbico, estas son algunos de los ejercicios básicos que se suelen hacer en una clase de ejercicios en grupo para la tercera edad:

  • Caminar y avanzar hacia delante con largos pasos.
  • Andar en zig zag sin chocarse con el compañero.
  • Caminar hacia delante y hacia atrás.
  • Combinación de pasos en distintas direcciones.
  • Baile y ejercicios al ritmo de la música.

En cualquier caso, el monitor de gimnasia debe hacer la clase divertida y entretenida para no desmotivar a sus alumnos. Además, debe ser muy permisivo con el ritmo de progresión que lleve cada persona mayor. Eso sí, aquí también lo que prima es la constancia: dos o tres veces a la semana hay que hacer estos ejercicios, además de mantener una vida activa, hará que gane la salud de nuestras personas mayores.

 Beneficios de hacer Ejercicios
En la tercera edad, tanto la calidad de los huesos, como la fuerza muscular, la elasticidad, el sistema inmunológico, y la eficacia cardiorrespiratoria, si se mantiene una actividad física periódica, mejoran considerablemente.

  • El realizar ejercicios en esta etapa de la vida, mejora la memoria, reduce el riesgo de padecer depresión, ansiedad y estrés., está comprobado que el ejercicio físico disminuye el riesgo de contraer cualquier tipo de demencia, que suelen desencadenarse en la vejez, y puede reducir hasta un 40% los riesgos de la edad de padecer enfermedades cardiovasculares.
  • Por otro lado realizar deportes, mejora la composición corporal y con ello ayuda a mantener los niveles tanto de glucosa como de presión arterial estables, que muchas veces con el correr de los años se desestabilizan producto de una vida sedentaria y mala alimentación.
  • Con una dieta saludable es la fórmula perfecta para reducir cualquier tipo de patología, sobre todo los enormes riesgos que a avanzada edad, puede llegar a provocar el desarrollo de una diabetes de tipo II.
  • Para las personas que no poseen grandes resistencias aeróbicas, que precisan que necesitan valerse de ayudas en su vida cotidiana, practicar algún deporte, caminatas, o salir a pasear en bicicleta, mejora su consumo de oxígeno y les hace ganar independencia.
  • Además realizar deportes, disminuye las cifras de colesterol en sangre y grasas totales del cuerpo.

El deporte, independientemente del que elijas, es una actividad que no importa la edad que se tenga, todos deberíamos practicar.

Ejercicio Físico para la Salud y la Calidad de Vida

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Este post muestra la importancia del ejercicio físico en nuestra vida diaria, estemos alerta…
Y no se olviden de hacer comentarios para enriquecernos mutuamente. Gracias

La actividad física estuvo asociada a la salud de las personas desde tiempos remotos. Los deportistas de la antigua civilización griega, por ejemplo, ocupaban un lugar destacado dentro de la sociedad y se llegaron a endiosar sus hazañas atléticas. A lo largo de la historia se fue relacionando la longevidad de ciertas poblaciones del planeta con estilos de vida activos y adecuada alimentación.
Durante la segunda mitad del siglo XX una multitud de investigaciones ha logrado demostrar científicamente lo que se sospechaba por datos de la observación diaria. Uno de los primeros estudios epidemiológicos fue desarrollado en Inglaterra a principio de la década del 50 por Jeremy Morris, que ejercía su actividad médica entre los empleados públicos de Londres. Observó durante mucho tiempo a los choferes de ómnibus y comparó sus evoluciones médicas con la de los guardas, que vendían los boletos y caminaban permanentemente por el vehículo subiendo y bajando las escaleras. Los choferes, que estaban siempre sentados, tuvieron un 35% más de infartos de miocardio que los guardas. En Estados Unidos, el Dr. Paffenbarger siguió durante más de treinta años la evolución de los alumnos de la Universidad de Harvard y comprobó que aquellos que seguían realizando ejercicios físicos después de su período de estudiante tuvieron una vida más prolongada, con cerca de un 40% menos de infartos que los ex-alumnos sedentarios. La década del 70 fue pródiga en investigaciones sobre los efectos del ejercicio físico en la salud. La Cooper Clinic, de Texas, lideró proyectos de investigación que fueron cambiando los hábitos de millones de personas hacia una vida más activa y promovieron programas de prevención en salud pública donde el ejercicio ocupaba un lugar destacado.
En los últimos años, la atención de los médicos cardiólogos estuvo centrada en un estudio muy importante realizado en EEUU con más de 70 mil enfermeras. Pudo observarse que, después de 8 años, las mujeres que caminaban más de 3 horas semanales tenían 35% menos de enfermedades de las arterias coronarias que sus compañeras sedentarias.
A esta investigación se sumaron recientes publicaciones que demostraron una reducción del 50% en la mortalidad a 12 años entre hombres mayores que realizaban caminatas de 30 o más cuadras por día.
En Argentina, el estudio FRICAS pudo demostrar que el nivel de sedentarismo era mayor entre las personas que habían tenido un infarto de miocardio.
La variedad de estudios que establecieron la asociación íntima entre actividad física y salud cardiovascular llevó a la Asociación Americana del Corazón a declarar al sedentarismo como un factor de riesgo mayor para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
Las enfermedades del corazón y las arterias ocupan un triste primer lugar como causa de mortalidad en el mundo occidental. En su aparición y desarrollo están involucrados múltiples factores de riesgo dentro de los cuales el tabaquismo, las alteraciones del colesterol, la hipertensión arterial, el sedentarismo, la diabetes, el estrés mental y la obesidad ocupan un lugar de relevancia.
El ejercicio físico regular contribuye a combatir todos estos factores y más aún, al actuar directamente sobre el corazón y los vasos sanguíneos, es uno de los elementos más eficaces para prevenir la aparición y la progresión de la enfermedad. En las personas que ya han sufrido una enfermedad cardíaca, se ha comprobado que el ejercicio colabora en el tratamiento, mejorando la calidad y cantidad de años vividos.
Los beneficios del ejercicio físico no están solamente relacionados con la prevención de las enfermedades cardíacas. Los individuos que llevan un estilo de vida más activo se “sienten mejor” y producen en su cuerpo una resistencia superior ante las distintas agresiones que la vida y el paso de los años provocan. Los adultos que conservan una vida activa llegan a edades mayores con mejor predisposición al trabajo y menor dependencia de aquellos que los rodean.
Se han comprobado efectos beneficiosos del ejercicio sobre la conservación de la densidad de los huesos con un alto impacto en la prevención de la osteoporosis. Diferentes dolores articulares y musculares se ven aliviados por sesiones especiales de ejercicios y la vida activa previene la aparición de este tipo de molestias.
Los trastornos venosos de las piernas encuentran en la actividad física una de las más importantes y probadas formas de tratamiento. Las molestias físicas y los problemas estéticos que genera la insuficiencia venosa en miles de mujeres pueden ser prevenidos y tratados con programas adecuados de ejercicios físicos.
Pero no todo termina aquí: existe una relación positiva entre el sistema inmunológico (las defensas del organismo) y la actividad física. Varios estudios epidemiológicos han expuesto la menor prevalencia de diferentes formas de cáncer entre las personas físicamente activas. Experiencias recientes han sugerido que las mujeres que realizan ejercicios físicos en forma regular tendrían menor predisposición a tumores de mama y útero.
La actividad física es una herramienta fundamental en la prevención y el tratamiento de la diabetes. Por otra parte, es un elemento indiscutible en la terapéutica de la hipertensión arterial.