Este tema me encanta, pues el bailar lo llevo en la sangre y me encanta, gracias a Dios a mis esposa también, disfrutemos del baile no importa la edad. 

Baile

El baile como tal existe desde hace muchos años y de hecho cada nación o incluso región tiene algún tipo de baile propio. La evolución del ser humano va acompañada del baile que ha ido en paralelo a ésta. Hay bailes más movidos y los hay que lo son menos, pero al fin y al cabo todos implican un movimiento corporal, que es una premisa importante para conseguir un buen estado de salud.

Tanto músculos como articulaciones intervienen en las distintas coreografías que forman cada modalidad de baile, pero si hay un órgano que sale muy beneficiado, éste es el corazón, junto con los vasos sanguíneos; en definitiva, el sistema cardiovascular.

Amigo del corazón
Los grandes beneficios para la salud, en general, los proporcionan las actividades cardiovasculares (andar, correr, nadar…..) y bailar se encuentra también entre ellas. Cuando una persona baila está sometiendo a su cuerpo a un estímulo que hace que el corazón tenga que trabajar para bombear la sangre que requiere el resto del organismo para moverse. Ese estímulo activa al corazón que, al ser un músculo, necesita moverse para no atrofiarse. Según el tipo de baile, el estímulo será mayor o menor y el músculo cardíaco deberá trabajar en mayor o menor medida.

Hay que buscar, pues, aquella modalidad que se adapte mejor a las condiciones individuales ya que el baile está recomendado a cualquier edad y para ambos sexos.

El mejor baile a cada edad

  • Para las edades más tempranas el ballet o modalidades más movidas son ideales para empezar a trabajar la coordinación. En estos casos se suele empezar como un juego para acabar siguiendo una coreografía. Se busca desarrollar las cualidades motrices y también, por qué no, que se siga cierta disciplina. A medida que el cuerpo se va desarrollando el abanico se amplía muchísimo. 
  • Los jóvenes suelen decantarse por bailes con mucho ritmo y con un elevado nivel de desgaste energético y exigencia cardiovascular. Es el momento para disfrutarlo ya que el organismo está en pleno rendimiento y, además, cuanto más lo cuidemos ahora mejor estará en el futuro. Los músculos se trabajarán para ser un refuerzo perfecto para el esqueleto, además de mejorar en cuanto a flexibilidad. Los huesos, por su parte, estarán ganando en fortaleza.

En alguno de estos bailes se usan accesorios como pueden ser pesas, gomas, pelotas… Con ellos se está realizando un ejercicio aún más completo porque se estará tonificando además de seguir dándole ritmo al corazón.

Además, en el mundo tan globalizado en el que vivimos, bailes que no sabíamos ni siquiera que existían forman parte hoy de nuestra rutina (lambada, zumba…).

En el caso de los adultos las recomendaciones se centrarían bailes que no sean excesivamente exigentes para el corazón y la musculatura. De todos modos, si a edades más tempranas se ha bailado, el adulto puede seguir haciéndolo adaptándose a las características del momento. Evitar excesivos saltos o movimientos bruscos es una manera de adaptarse al baile pero hay que seguir disfrutándolo. Sentirse joven es parte de la felicidad del ser humano y si el baile lo permite, mejor que mejor. La danza del vientre o los bailes tipo “Bollywood” son algunos de lo que más triunfan entre las mujeres adultas, puede que por la sensualidad de los movimientos. 

Para los más séniors pero que conservan aún el espíritu de bailarín o bailarina también existen diversas posibilidades a su alcance. Las archiconocidos bailes de salón suelen ser las estrellas entre este colectivo. Las salas de fiestas están llenas de “reyes y reinas” en las pistas de baile. Es una actividad más que recomendable. Con ello se consigue dejar de lado el sedentarismo y “atacar” a todos aquellos factores de riesgo que ponen en “jaque” a la salud sobretodo de los más mayores.

Quien baila tiene menos posibilidades de tener elevados los niveles de colesterol, triglicéridos y azúcar en la sangre. Conseguirá cansarse menos cuando sale a pasear o incluso a la hora de subir una cuesta. Para mujeres postmenopáusicas, es una manera de luchar contra la osteoporosis.

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